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martes, 6 de agosto de 2013

Promesa de familia

La convocatoria a los soldados por la Gran Guerra fue furor en Alemania. Los primeros años de la misma se percibieron con júbilo y entusiasmo. Además todos los soldados estaban muy orgullosos de representar a su país. Así también como sus familias, con excepción de algunas, por ejemplo, la familia Heldmann. La misma, estaba conformada por la madre, la señora Anna Wilder y sus tres hijos: Jannik, Johannes y Melf Heldmann. El señor Heldmann había fallecido a causa de una enfermedad terminal. Por lo tanto, Anna, si bien estaba orgullosa de que sus hijos participaran en la guerra, no podía imaginarse su vida tras la perdida de alguno de sus hijos, pero aún existía la posibilidad de no tener que enfrentarse con ese temor, si la famosa carta no llegaba…
El día finalmente llegó. Llamó a la puerta de la familia Heldmann, el jefe del reclutamiento de los militares. La misma citaba lo siguiente:

                                                                                                           01/01/1916
  Tenemos el agrado de informarles que las personas mencionadas a continuación deberán formar    parte del servicio militar. Ellas son:
              - Jannik Heldmann
              - Johannes Heldmann
              - Melf Heldmann
 Nos honra comunicar esta noticia ya que la población alemana está siendo movilizada por el  patriotismo y paso a paso, podremos unirnos más como nación.
 Desde ya muchas gracias!
 Saludos cordiales.
 
      La señora Anna Wilder rompió en llanto, y no quiso informar a sus hijos la llegada de la tan esperada carta por ellos. Anna, ya entrando la década de los 60, no contaba con una muy buena salud. Tras unas horas de leer la carta del reclutamiento militar de guerra, comenzó a sentirse extraña, débil y además tenía dolores en todo el cuerpo. Esto desencadenó un preinfarto. Al enterarse sus hijos de esto, inmediatamente llamaron a un médico y los tres acompañaron a su madre para escuchar el diagnóstico del profesional.
   - Lamento informarles que su madre cuenta con un estado delicado y que esto, probablemente, haya sido consecuencia de un disgusto muy grande. Cuiden mucho de ella y yo les aconsejo que deberían dedicarle el mayor tiempo posible, por si acaso. “Es mejor prevenir que curar” dice una frase, no? –ésas fueron las palabras del doctor hacia los hijos de la señora
Los jóvenes se asustaron mucho tras el diagnóstico del doctor y acordaron conversar con su madre y turnarse para que alguien la acompañe a ella en todo momento y que nunca quede sola.
Habían pasado ya tres semanas desde el debilitamiento de la señora Wilder y las cosas empeoraban, aparecieron más problemas que los de antes. Probablemente había comenzado a experimentar el sentimiento de la culpa, debido a que no les había comunicado a sus hijos la llegada de la carta a la guerra de Verdún. A medida que corrían los días, le era cada vez más difícil sostener esa situación. Su culpa llegó a tal punto, de derivar en un infarto, que esta vez sí fue determinante. Un poco antes de fallecer, logró reunir a sus tres hijos y dejarles sus últimas palabras…
-Hijos míos, yo creo que mi hora ha llegado. Quiero confesarles algo, que no me gustaría irme sin que lo sepan. Hace tres semanas que les oculté una noticia muy importante para ustedes. El 1° de enero llegó la carta del reclutamiento militar para la Gran Guerra. Yo era conciente de lo mucho que significaba para ustedes, pero no pude contenerme y la oculté, no podía imaginarme la idea de no vivir más con ustedes. Pero la vida, me está haciendo pagar las consecuencias. Creo que ya era hora de que se enteren. Lamento profundamente mi acto tan egoísta y espero sepan perdonarme. Lo único que quiero pedirles es lo siguiente: manténganse unidos durante la batalla el mayor tiempo posible, luchen por la patria y si llegan a morir en honor a Alemania, yo voy a estar muy orgullosa desde el cielo. Por favor, cuando la misma termine, búsquense el uno al otro, para reencontrarse. No me cabe ninguna duda de que ustedes son unos jóvenes con mucho valor y coraje; y que por eso, probablemente salgan invictos. Y yo por mi parte, donde quiera que esté, voy a tratar de guiarlos en su camino, junto a su padre. Me alegra saber que voy a verlo después de tanto tiempo. Nosotros juntos, con la fuerza del amor que nos unirá por siempre, haremos nuestro mayor intento para lograr el reencuentro de ustedes tres, hijos míos o mejor dicho, nuestros. No tengo más que decirles, gracias por haber cuidado de mi siempre y ser esos hijos que siempre soñé. Hasta siempre”. 
Tras decir esta última frase, los cuatro juntaron sus manos haciendo la promesa de reencontrarse. Anna Wilder cerró sus ojos y descansó en paz.
Una lágrima tras otra, caían por los rostros de los hermanos Heldmann. Se abrazaron y acordaron que irían a la batalla de Verdún, saldrían invictos y se reencontrarían los tres de nuevo, por la memoria de su madre.
Así fue, el 21 de febrero partieron los tres hermanos hacia la batalla. La misma era en el nordeste de Francia y sus rivales eran, claramente, los franceses. Ésta fue la batalla más larga y una de las más sangrientas de la primera guerra mundial. Tras varias ofensivas y contraofensivas, los alemanes perdieron el control de la batalla, y terminaron empeñando muchas cantidades de tropas en costosos ataques. Aunque hubo más bajas francesas que alemanas, Verdún se convirtió pronto en un episodio heroíco de la resistencia francesa.
Pasados ya 3 meses de la batalla, los hermanos Heldmann se encontraban todos en distintos lugares.
Jannik Heldmann conoció a una bella muchacha francesa luego de la guerra. Sabía que no era éticamente correcto enamorarse de una mujer del lado del enemigo pero el amor es más fuerte que cualquier cosa. Y ellos dos estaban realmente enamorados, creían que eran el uno para el otro. Pero había un solo y gran inconveniente. Los padres de la joven, no estaban de acuerdo con la relación. Por eso, decidieron fugarse a Alemania. Jannik no olvidaba la promesa que le había hecho a su madre.
Johannes Heldmann, fue de los tres hermanos, el que más herido resultó. La mayoría de las bajas fueron por fuego de artillería y Johannes estuvo muy cerca de esto. Además perdió una pierna, y tenía el brazo quebrado. Fue un milagro el hecho de que no haya sido una de las tantas bajas en Verdún. Claramente, en esta historia colaboraron mucho Anna Wilder y su padre, David Heldmann. Johannes se estaba hospedando en un hospital alemán, acompañado de uno de sus mejores amigos de la infancia, al cual le había recordado la promesa que bajo ningún punto de vista podía no cumplirla.
Por último, Melf Heldmann, el hermano menor y el más temeroso de los tres, fue uno de los elegidos para quedar vigilando en una trinchera que ninguno de los soldados vuelva de regreso. Si esto era hecho, él debía matarlo. Dado a que la valentía no era al que más lo caracterizaba, aceptó esta condición, pero en cuanto nadie lo vio, pudo retroceder unos cuantos pasos cuerpo a tierra y se hizo pasar por un francés. Recorriendo las calles de Francia se encontró con un niño de unos seis años llorando en el medio de la calle. Lo alzó y le preguntó qué sucedía con él y el niño entre lágrimas le explicó que su padre había ido a la guerra y su madre, debido a eso, se había suicidado. Melf automáticamente se encariñó con él y decidió buscar la manera de llevarlo de regreso con él a Alemania. Nunca dejó de tener en la cabeza, la idea del reencuentro con sus otros dos hermanos.
Los tres hermanos Heldmann, por más distintas experiencias que habían vivido, siempre tuvieron presente la idea de reencontrarse entre ellos para cumplir con la memoria de su tan amada madre y para orgullecer a ella y a su padre. Jannik regresó a Alemania con su novia y futura esposa francesa. Johannes, mejoraba día a día en el hospital, todas las heridas que había sufrido en la batalla. Luego de seis meses de la misma, logró salir, milagrosamente en silla de rueda. Y por último, Melf, junto al niño de seis años también fueron de regreso a Alemania. Cuando los tres regresaron a Alemania, esa Alemania no era la misma que ellos habían abandonado tras la guerra. Debido a la excesiva cantidad de bajas y después de tanto sufrimiento, poco a poco el entusiasmo por la guerra empezó a disminuir. Jannik, Johannes y Melf, diaria e insistentemente regresaban a la casa de su madre; hasta que finalmente un día, lograron reencontrarse y así, cumplir con la memoria de la señora Anna Wilder. 

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